miércoles, 18 de septiembre de 2013

Los Cubos del Olvido

Aglaya, Talia y Eufrósine sobre los cubos. Llanes. 2007

Éste es el aspecto que Los Cubos de la Memoria, obra de Agustín Ibarrola, tenían hace seis años. Hoy, debido a la acción del mar y las inclemencias temporales, los colores se muestran desaturados y los bloques de hormigón se han ido desplazando rompiendo los trampantojos.

En 2011 hubo un acercamiento entre las partes implicadas, autor y administraciones, para su posible restauración, que la crisis actual ha echado por tierra.

En su momento, el autor ya avisó de que la acción del tiempo sería visible y recordada por estos cubos con memoria. Quizá el problema sea que su aspecto actual no es muy estético (en el sentido laudatorio y no filosófico de la palabra) ya que hasta el autor reniega de la evolución de su obra. En realidad, ahora parecen deshechos de un grafito, restos de una escombrera.

Si bien la herencia cubista-constructivista se ve reflejada en toda la obra de Ibarrola, la parte más importante de su producción se desarrolla en la tendencia del Land Art. En el Land Art el artista interviene en la naturaleza a medio camino entre la arquitectura y la escultura con la instalación como telón de fondo. Pero la obra de Land Art es más efímera que cualquier otra obra de arte convencional. De hecho, la mayoría de los artistas documentan sus trabajos a través de vídeos y fotografías, siendo éste el material sensible para su exposición y comercio. Casi todas las obras de este tipo desaparecen sin dejar apenas huella de su existencia. Probablemente, éste debería ser también el lógico destino de Los Cubos de la Memoria, la extinción, en una lenta agonía, con un final triste, casi inmerecido, degradante. Como suelen ser los finales (salvo en las películas). Como consuelo, cumplirían su final con la entereza de seguir el cauce natural y no haber usado maquillaje, y darían un nuevo sentido al título de la obra permaneciendo sólo en la memoria intelectual y documental de las personas.

En su decadencia serán un magnífico símbolo para el recuerdo de los tiempos en los que nos ha tocado vivir.